Emprender en una sociedad sin derechos de propiedad

libertad de elegir

En el marco de mi participación en el programa de Liderazgo para Visitantes Internacionales (#IVLP), promovido por el Departamento de Estado de Estado Unidos, el pasado abril tuve la oportunidad de compartir con un joven emprendedor, que creo ya pasó ese umbral y es un empresario con todo lo que ello implica, que vive en una isla del Caribe caracterizada por tener un sistema político económico que no reconoce la libertad individual, ni el libre mercado y por ende no hay garantía del derecho a la propiedad.

Habla de su emprendimiento con la pasión de quien está enamorado de lo que hace. Se autodefine como emprendedor, jefe de su negocio y pequeño empresario, aunque para las leyes de su país no es más que un “cuentapropista”, es decir un trabajador por cuenta propia que recibió una licencia del gobierno. Diseñó su proceso productivo de manera autodidacta, entre ensayo y error, y hoy cuenta con 60 personas que colaboran con mística y mucha pasión en cada paso de dicho proceso.

Antes de iniciar su negocio se desempeñó como empleado en el área tecnológica, manifestó que no le iba mal, pero su impulso por ir más allá, por tener un negocio propio, lo llevó a dejar ese empleo e iniciar en un puesto de hamburguesas desde la sala de su casa.

Su ímpetu y  pasión por lo que hace, le han permitido sortear las dificultades en un país donde no existe acceso al crédito bancario,  consiguió parte de su capital inicial entre familiares y amigos, con quienes apalanca capital de trabajo, sorteando los tan temidos prestamistas.

Gracias a su empeño, ese pequeño negocio, que tiene algo más de cinco años, ha merecido un reconocimiento de responsabilidad social por parte de una Fundación que en su país a pesar de las dificultades premia el esfuerzo de empresarios.

Le hice muchas preguntas: ¿Cómo sobrevive el día a día? ¿Cómo estima el precio a cobrar? ¿Cuáles son sus perspectivas de largo plazo? A todas ellas daba una respuesta muy parca que se resumía en voluntad, tesón y trabajo. A mi modo de ver, de allí no salen los números, pero cuando las libertades están confiscadas, innovación, creatividad y vocación, como las de este joven permiten el  cálculo económico que hacen percibir que se gana aunque no se diga.

En sus  respuestas, había convicción, asumir riesgo, seguridad de poder cumplir, de retorno a su inversión y, sobre todo, estaba presente la pasión de quien, por encima de las adversidades cree en lo que hace.

Pero lo que mayor impacto me causó es que este ser humano, como muchos venezolanos a pesar de las circunstancias persevera para llevar a los consumidores, lo mejor de su producción. El se pregunta recurrentemente “¿Cómo llevo capital a mi país para fortalecer el negocio?” me hizo ver que, aunque se le quiera confiscar de mil maneras, el libre mercado siempre encuentra la manera de estar presente, porque es innato a la acción humana.

Por Alicia Sepúlveda. Economista. Coordinadora del Observatorio Económico Legislativo de Cedice

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